Abajo y arriba

3:35 Cristian Gonzalez Del Pino 0 Comments



El suspiro llegó a mis delicados oídos. Noté su último intento por decirme que me quería. Sentí un escalofrío cuando se fue. Y rodeado de ojos, me quedé junto a su cuerpo inerte.


Las caricias rozaban mi pecho con cuidado. Sin causarme dolor. Sin ponerme nervioso. Sin romper la calma o el equilibrio. Sus manos jugaron conmigo dulcemente. Yo, idiota, caí en su juego. Perdí la partida.



Sus ojos penetraron en mis entrañas. Rompieron mis sentidos. Perdí la noción del tiempo en aquella cama infernal. 

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