POEMAS DE NATALIA LITVINOVA


Como tumores
o mariposas nocturnas,
en mí viven
los que ya no están.
Duelen como los huesos
en los días de humedad
o las quemaduras
en los días de sol.
Armoniosos calambres
trenzan mis músculos
y me hacen bailar en la cama.
Como los juguetes
de un niño que creció
a la cuchara limpia del hambre,
duele este dolor llevadero.

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Si no duermo
escucho bajo la almohada
la sangre de mi madre
y de mi abuela.

Por la mañana
todo se rehace,
crecen las paredes
y el techo se despliega.
El polvo del campo
me dificulta respirar.

Camino envuelta en mantos
apretando contra el vientre
la almohada maldita.


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Texto: Natalia Litvinova.
Imagen: Natalia Litvinova.

CUENTOS SIN FINAL FELIZ



Hoy he conocido la historia de Athel.
El pequeño niño pakistaní que se muere de hambre
es la esquina de un callejón en ruinas en una ciudad
que no le ha enseñado a hablar.
Athel corre. Corre todos los días huyendo del miedo,
de la oscuridad que se esconde a pleno sol.

-Yo lloro lejos de él-.

La piel se le seca y quiebra dejando al aire
unos músculos débiles
que tiemblan cuando una persona camina a su lado.
Alza el brazo y reza por ser escuchado.
Su Dios no le perdona.

Athel busca. Busca entre las piedras de una aldea
desconocida el brazo de un padre
que le eleve al cielo.
Busca la palabra de una madre que fue silenciada
años atrás cuando amamantaba al único hijo
que había sobrevivido a la sangre.

-No controlo mi cuerpo. 
Siento mi cuerpo hueco.
Siento el útero que perdí en el vientre de mi madre.
Siento los huesos romperse despacio. Uno a uno.
Grito hasta perder mis dientes.

Me tengo que tragar
que no puedo ser padre.
Que no sé amar.
Que no sé criar una vida.

Dicen que estoy enfermo.

Las campanas de mi pueblo suenan otro vez.




Imagen: @NateNessman

MADRID 26.03.2019


Mi abuelo emigró a Alemania.
Veinticinco años. Dos hijos. Un sello en el pasaporte.
Vivió cuatro años sin hablar.
Comía pan una vez al día.
Moría durante doce horas seguidas
entre hombres sin equipajes.

El hambre en ambas casas.

Hoy soy el que se ha ido.
He dejado un armario con dos camisas,
una muda de ropa interior baja la almohada y
una foto de mi padre.
Mis libros cogen polvo
en la que fue mi habitación
y es ahora un altar levantado por mi madre
para llorar callada
la pérdida de su primogénito.

Estoy curando mis heridas en la distancia,
con la luz apagada hasta pasado el atardecer
en un semisótano cubierto de moho.

En la capital
camino entre suburbios plagados de ratas enfermas
pensando en las mentiras que le cuento a mi familia.


Por las mañanas me coloco
alfileres en la nunca
que fuercen una sonrisa infantil.
Una foto para mi madre.
-mamá, estoy bien-.

Llego a la fábrica.
El mismo ruido.
El mismo aire contaminado.
Misma hora. Mismo día. Mismo mes.

Arriba.
Gira.
Aprieta.
Abajo.

Arriba.
Gira.
Aprieta.
Abajo.

Me sangran las llagas de las manos
envueltas en un pañuelo sucio
que heredé de mi abuelo paterno.
De vuelta con calcetines negros
lloro pensando en el nombre de un primo que no recuerdo.

Ceno sopa de sobre.
Me acuesto con las palabras
que solía decir mi abuela cada noche.
-Hemos comido un día más. Gracias a Dios-.


gray concrete building under blue sky

Imagen: @schmuto








SANTA CASILDA


La primera generación de mi familia
descansada en una cama con sábanas blancas salpicadas de flores rojas.
El alma se consume con el tiempo,
una procesión de mujeres y hombres besan la frente
de un cuerpo templado que respira l e n t a m e n t e.
Susurran sus nombres sin esperar respuesta.
Nos pasamos el pañuelo negro con las iniciales bordadas.
Las lágrimas caen con las hojas del limonero
que mi abuelo plantó antes de que nacieran sus nietos.
Los hijos han cumplido años encerrados
en la habitación que aún huele a hierbabuena.

La madre levanta el brazo con fragilidad.
Los hijos saludan con los ojos cerrados.
El nieto llora lejos.

Ahora sabemos escribir dolor.


La imagen puede contener: una o varias personas e interior, texto que dice ""Santa Casilda" Francisco de Zurbarán"

Imagen: Cristian González.

LAS CRUCES DE MI CUERPO



Mi garganta vibra.
Vibra como una iglesia
que se hincha cogiendo aire
llena de voces que piden perdón.

Quemo mi ropa interior,
roja,
manchada de culpa.

Desnudo.

Me baño en la sangre de Dios.
Pido perdón con mis entrañas
como ofrenda de paz.

¿Por qué pecado seré castigado hoy?
Grito en silencio mientras mi cuerpo se ahoga.
Purificado con sal en las heridas abiertas.

Supuro alquitrán caliente
mientras coso las aberturas de mi vientre
junto a la pila bautismal.

Recojo al nuevo hombre
nacido con huesos rotos de algún muerto que nadie conoce.

Duele estar de pie.
Duelen las costillas.
Duele ser perdonado.
Duele ser.

Mi garganta vibra.
Mi garganta se hincha.
Mi garganta grita mi nombre sin miedo.
Mi garganta explota.


empty cathedral interior

Imagen: @heytowner

HISTORIA BLANCA




Mi cuerpo desnudo se asoma a la ventana
para mirar a todos aquellos que protestan pidiendo
libertad para sus cuerpos encorsetados y llenos de costuras.
Me rasco el pene porque puedo hacerlo, porque soy un hombre,
porque soy blanco,
porque soy cristiano,
porque soy heterosexual
y porque tengo una voz propia.
Ellos pasean mudos, sin que nadie los escuche.
Llevan pancartas en las manos, alambres en los tobillos y pintura roja en el cuerpo.
Algunos lloran y se arrodillan recordando los cuerpos difuntos y calcinados
de padres, de amantes, de maridos, de hijas, de abuelos, de amigos y de anónimos.
Vuelvo a mi cama pensando que no puedo ayudar,
que el amor es tradición,
que el cuerpo es tradición
y que la tradición es cultura.
Esta noche nadie recordará sus suplicas de auxilio.
Mañana será un día nuevo donde cada uno tendrá lo que se merece.
Los niños aprenderán que la muerte siempre ha existido,
que el hombre mata por naturaleza,
que la mayoría se impone sobre la minoría,
que el cobarde ataca en manada
y que el hombre tiene miedo de abrir los ojos.

photo of man's face

Imagen: Sam Burriss


LA MUERTE VIVE EN EL HIJO



En mis arterias habitan la enfermedad,
el hambre de cuarenta años
y tus genes grises.
Siento la herencia de tu cuerpo en mi alopecia prematura,
pero no quiero que mis hijas sufran como yo lo hice.

Conmigo terminan las adicciones.
Conmigo terminan las generaciones con problemas de hígado.
Conmigo termina tu apellido.

Mis hijas tendrán dignidad con nombres desconocidos.
Lo que queda de ti se muere en mi estómago. 

Marvel