Austria


Volaste del nido con espíritu valiente y 
el aterrizaje dobló una de tus inocentes patas pero 
te mantuviste fuerte y soportaste un gélido invierno. 
Tu único calor fue el recuerdo y la certeza de lo efímero 
durante noches dormiste entre mares después 
de observar el amor encerrado tras un rectángulo. 
Nadie hubo para curarte las heridas. 
La primavera fue un nuevo capítulo 
alzaste las alas sobre infinitos azules y 
te sentiste en ocasiones águila imperial 
ganaste fortaleza dejando atrás la soledad pues 
otros pájaros viajaban ahora a tu lado. 
Rama a rama, construiste sola tu propio hogar  
usando tus plumas, tus patas, y tu pico para 
luego destruir todo con un rápido aleteo. 
Tú, pequeña malvasía 
que tantas lágrimas derramaste por tu querida tierra 
¿por qué lloras ahora que regresas? 
Estefanía Aragón Pozo 

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Heridas de mujer


Hay niñas en mi ciudad que caminan mirando al suelo.
Niñas que notaron el frío entre sus piernas
mientras callaban asustadas por los hombres lobos
que olfatean en las esquinas.
Van descalzas y han enmudecido.
Intentan conjuntar los arañazos de sus cuellos
con vestidos largos que oculten
las heridas abiertas que hay en sus muslos.
Sobreviven entre escombros y
de la caridad cristiana de los patriotas
que las compadecen después de hacerlas sangrar.

En mi ciudad hay niñas fuertes.
Niñas heridas.
Niñas muertas.

En mi ciudad hay hombres lobos.
Hombres crueles.
Hombres libres.



María


Entre paños rosados y flores de lavanda
me dieron una hermana.
Era suave y tenía ojos que reflejaban la galaxia.
Contuve la respiración durante años mientras
la cubría con mi espalda que crecía con ella.
Me hice hombre cometiendo errores, y
ella se hizo mujer, despacio y llenándome
de miedos. Es mi musa frágil.
Mi vista cansada sigue viendo una niña sonrosada entre mis brazos temblorosos.


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2 poemas de Emily Dickinson



En el cuarto interior
parece aún más plácido que el sueño.
Lleva sobre su pecho un ramillete,
y no dirá su nombre.

Lo tocan y besan,
hay quien calienta su ya inútil mano.
Es tan serio y sencillo
que no puede entenderlo.

Yo en su lugar no vertería lágrimas.
Sollozar es violento.
Así se asusta al apacible duende
que va a volver al bosque en que nació.

Hay cándidos vecinos que platican
sobre aquellos que "mueren antes de hora".
Nosotros, siempre dados a perífrases,
hablamos de la huida de los pájaros.

***

Morí por la Belleza, pero apenas
ahormada en la tumba
otro murió por la Verdad, y estaba
en el lugar contiguo.

Me preguntó en voz baja: "¿De qué has muerto?"
Dije: "Por la Belleza".
"Pues yo por la Verdad. Y son lo mismo".
Añadió: "Hermanos somos".

Así, como parientes que se encuentran
de noche, conversamos.
Hasta que el musgo nos llegó a los labios
y cubrió nuestros nombres.



Difuntas



En mi sofá hay tirada una figura oscura.
Aparece a veces, pero nunca tiene ojos.
Sentado a su lado veo cómo se estira,
cómo se exhibe buscando mis caricias.
La ignoro con cuidado, no quiero ofenderla.
Quizás sea el recuerdo de aquella musa que maté por conseguir la fama.
Intenta hablar conmigo en un lenguaje desconocido.
Empiezo a sudar, ella grita.
Algo va mal entre nosotros.
Convulsiona y cambia.
Convulsiona y desaparece.
Convulsiona y muere.

Mobiliario urbano


Las calles de mi ciudad están llenas de estrías.
Signos de la edad y el deterioro.
El mobiliario urbano es abundante, pero está sucio.
Hay estatuas de color ceniza abandonadas en los portales.
Olvidadas y llenas de polvo.
Por las esquinas hay copas de alcohol que huyen de las serpientes.
Hay motas de luz encargadas de limpiar, en silencio y sin molestar.

Huérfano


Me duelen las encías de masticar
el dolor.
Lloro para humedecerlas.
¿Lo oyes?
Balbuceo una señal de auxilio.
¿No quieres oírla?
Me duelen las encías, y no tengo
tu pecho para calmarlas.