Un cuerpo sobre la playa



Tu olor a sal
se ha ensuciado con el del hierro
alojándose en mi pecho.
Hace que tenga un dolor ardiente
dejándome arrodillado
frente al mar.
Mar con tu olor a sal.
      Mar con mis lágrimas amargas.
            Mar sin ti.
                 Mar de nadie.


Child in a sweater looking at the ocean in Sopot


Imagen: Michał Parzuchowski

Natal


He enmudecido al ver las palomas devorar carne de gato.
Eran gatos famélicos y enfermos que nadie quería, aún así
da miedo ver el caos.
Los cuerpos tiemblan en los charcos de aceite
y desaparecen entre el humo de las calles estrechas
de suelos adoquinados.
Piedra sobre piedra.
Los nombres tendidos con pinzas en los patios de las abuelas.



Imagen: Joakim Honkasalo@jhonkasalo

Un día gris


Hoy el cielo está más azul que nunca,
y el hombre
sigue asesinando.

A vast rural landscape under faint light seeping in from the clouds


Delirios de unos labios



Contagiaste mis labios vírgenes 
de chico precoz una noche de invierno
especialmente cálida.
Ahora están ansiosos.
Ahora están excitados.
Ahora están enfermos.
Ahora son fértiles.
Solo quieren besar
los mil lunares de tu cuerpo
una última vez
antes de que se derrita la nieve de mis hombros
débiles y temblorosos.

Imagen: Alex J. Reyes

Víctimas


Estoy en la obligación
de escribirte unos versos.
A ti, que te fuiste sin querer.
Sin haberte despedido.
Te escribo
que aquí, a mi lado
hace frío. 


Imagen: Alex Iby
@ibydesigns

Austria


Volaste del nido con espíritu valiente y 
el aterrizaje dobló una de tus inocentes patas pero 
te mantuviste fuerte y soportaste un gélido invierno. 
Tu único calor fue el recuerdo y la certeza de lo efímero 
durante noches dormiste entre mares después 
de observar el amor encerrado tras un rectángulo. 
Nadie hubo para curarte las heridas. 
La primavera fue un nuevo capítulo 
alzaste las alas sobre infinitos azules y 
te sentiste en ocasiones águila imperial 
ganaste fortaleza dejando atrás la soledad pues 
otros pájaros viajaban ahora a tu lado. 
Rama a rama, construiste sola tu propio hogar  
usando tus plumas, tus patas, y tu pico para 
luego destruir todo con un rápido aleteo. 
Tú, pequeña malvasía 
que tantas lágrimas derramaste por tu querida tierra 
¿por qué lloras ahora que regresas? 
Estefanía Aragón Pozo 

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Heridas de mujer


Hay niñas en mi ciudad que caminan mirando al suelo.
Niñas que notaron el frío entre sus piernas
mientras callaban asustadas por los hombres lobos
que olfatean en las esquinas.
Van descalzas y han enmudecido.
Intentan conjuntar los arañazos de sus cuellos
con vestidos largos que oculten
las heridas abiertas que hay en sus muslos.
Sobreviven entre escombros y
de la caridad cristiana de los patriotas
que las compadecen después de hacerlas sangrar.

En mi ciudad hay niñas fuertes.
Niñas heridas.
Niñas muertas.

En mi ciudad hay hombres lobos.
Hombres crueles.
Hombres libres.