El rencor de unos trozos de papel


Cuando aún éramos jóvenes pensé en darte la mano,
así podría tener columnas de mármol sobre las que subirme
y ver si sobre el cielo de la tierra había nubes.

Podríamos haber sido un mito griego,
dos hombres con faldas que decidieron ser amantes 
entre los animales que miraban lo obsceno de la guerra.

En el conflicto siempre hay miedo.
Tuviste miedo de ser tú,
de mí,
de ellos,
de otros.

Ahora ya es tarde.
Mis manos están recubiertas de hormigas que salen de mi garganta
evitando cualquier roce.

Las historias se cuentan de boca en boca,
la nuestra se contó entre golpes y rencor.
¿Te acuerdas de mí?



Paseos descalzos por la edad


He aprendido a caminar sobre cristales
desnudo.
Con mis pies ensangrentados
y las hormigas subiendo hasta mis ojos
he sentido el dolor de una madre
al ver marchar a su hijo.


Movimiento de rotación


Mi corazón sigue su ciclo.
Da vueltas sobre sí mismo
sin pedir perdón.
Se fija en cómo todo va cambiando
y él no.
Ve sombras fugaces y borrosas
que le hacen preguntas que no llega a entender.
Siente demasiado por la mañana.
Con el paso del día, llega el ocaso,
sigue sintiendo. No puede evitarlo.
Por las noches intenta desconectar.
No siempre lo consigue.
Continúa sintiendo sin dejar de latir.
Sentirá hasta marcharse.




Un amor septuagenario



Las rodillas se arañan,
el cuerpo se convierte en dunas y 
montañas mal pintadas.
La mirada se pierde en un negro infinito.
una llanura sembrada de macetas de hierbabuena.
Siéntete como en casa y espera
la última visita.
Pondremos coplas en tu paseo.
Tu historia no se enmarca en números de mármol
herencia de tus nietos malcriados.


El inquilino de la casa de la esquina


El cuadro del abuelo continúa en el salón
coronando los sofás estampados, a juego
con el invierno eterno.
-¿Tú estás bien?
Te vi marchar entre lágrimas.
Mirabas de soslayo al niño de la puerta.
No corría.
Fue una película. No soy actor de nada
salvo de mis recuerdos.
Apareces junto a la fría mirada del
abuelo.
En unos años otros ocuparan el salón.

Seguiré...por si terminas haciendo un cameo.



Plenitud


En otro momento
te hubiera sonreído.
Hoy no estoy
para falsas muecas.

Me atengo al derecho
de permanecer sola,
abrazando las esquinas
de un cuarto sin luz.

Ya no sirve el calor ajeno
a un pecho sin consuelo
que necesita reposar
bajo techo abierto.

Hoy cae lo oscuro
y me siento acompañada
sin nadie más,
sin cómplices fugaces.

En mí están
mis dos mitades,
lo finito y la infinitud.



El silencio de las estatuas


Mi cuerpo se hace piedra,
no me he dado cuenta.
La roca silencia mis sentimientos
porque así lo habéis querido.
Me han hecho sentir, y no les ha gustado
mi respuesta.

Tengo que guardar silencio mientras
unas garras se abren paso por mis entrañas y
saludan desde dentro.
-Maleducadas-.

¿Soy cruel por decir que me duele?

No queréis oír mi dolor.
                                                                      Lo habéis provocado.