Desavenencias

9:52 Cristian Gonzalez Del Pino 0 Comments



En una batalla hay vencidos.
Son derrotas duras y amargas.
Que a veces, 
con suerte acaban en la cama.

Gritamos palabras inconexas.
Que hieren las superficie.
Raspando suavemente nuestra piel.

Es ahí, cuando la cosa se vuelve tensa.
Cuando los músculos se preparan para rasgas la ropa.
Para quemar la rabia.
Para incitar a la pasión.

Comienza la danza, 
en la que nuestros cuerpos candentes
forcejean por conseguir al otro.

Rozan. Rozan. Rozan.
Y...
Siguen rozándose
hasta despellejarnos de placer.

Te empujo, me volteas.
Me muerdes con lujuria.
Te lamo con resentimiento.

Nos llevamos sin pudor
los gemidos ajenos.
Usamos las más bajas tretas para conseguir excitarnos.
Sin vergüenzas.

Caricias.
Besos.
Arañazos.

Nos mojamos del sudor del otro.
Cuando ya eh perdido,
me doy la vuelta.
Y recibo el castigo.

Noto como bufas.
Como te pierdes dentro de mí.
Mientras que sales de ti.

Comienza la espiral.
El bucle de maldiciones y de "sigue".
Más. Más. Más.
Y...

Después de tu momento de hombría.
De haberte regocijado en mí. 
Volvemos.

Retomamos la lucha continua,
diaria y permanente de exabruptos.
Hasta el próximo asalto.


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